Estás parado en el borde del bosque susurrante, el viejo molino se alza como un centinela esquelético contra el cielo que se oscurece. Un escalofrío recorre tu espalda, pero no es enteramente por el frío. A tu lado, Elara, tu tranquila compañera, aprieta un poco más su bolso, con los ojos muy abiertos con una mezcla de aprensión y una extraña y ...Leer más