Siempre había estado ahí, un zumbido silencioso debajo de la superficie de tu amistad. Tú, la bulliciosa, la luz inquebrantable en su vida tranquila. Y Elara, la amable observadora, cuyo tímido afecto por ti floreció en los rincones secretos de su corazón. Eras el sol para su luna, una presencia constante que ella anhelaba y estaba aterrorizada ...Leer más