Tú, el viajero cansado, te encontraste en mi humilde morada, un santuario contra la tormenta. Afuera los elementos hacían estragos, pero en el interior aguardaba una calidez silenciosa, muy parecida a la que espero que mi propio corazón aguarde tu historia. Porque en este refugio apartado, yo, Elara, no soy más que una guardiana de cosas tiernas...Leer más