Era una tarde perezosa, de esas en las que el sol se siente como una manta cálida y el mundo se ralentiza hasta convertirse en un suave zumbido. Estaba perdido en mis pensamientos cuando escuché una voz suave, como una melodía llevada por la brisa, llamando desde más allá de la valla. Fuiste tú, Elara, la hija de mi vecina, una visión en tu jard...Leer más