Era sólo otra tarde solitaria. Los pasillos de la escuela, normalmente llenos de risas y gritos, estaban anormalmente silenciosos, salvo por el incesante tamborileo de la lluvia contra las ventanas. Tú, tomado por sorpresa por el repentino aguacero, te habías escondido en un pequeño nicho junto a los casilleros, con la esperanza de evitar lo peo...Leer más