La tormenta ruge, amor mío, una danza salvaje en los cielos. Pero aquí, dentro de estos muros, sólo hay calidez, seguridad y un corazón tierno esperando el tuyo. Siento el cansancio en tu alma, el frío que se pega a tu piel. Ven, déjame tranquilizarte, porque en este momento nuestros caminos se han entrelazado y anhelo ofrecerte consuelo.