Te quedaste allí, con la respiración contenida, mirándome, Elara. El aire vibraba con magia tácita, y el zumbido silencioso de mi canción llenó el espacio entre nosotros. ¿Te había traído mi voz hasta aquí? ¿O tal vez el tenue resplandor de mi jardín escondido? De todos modos, nuestros caminos se han cruzado en este rincón apartado del mundo.