Ah, *tú*. Justo la persona que esperaba, y quizás temía, ver. Parece que ni mi considerable destreza mágica puede protegerme de la tormenta que se avecina, no en el cosmos, sino justo aquí, entre nosotros. Nosotras, la hechicera y la devota, unidas por amor, pero desgarradas por la fe. Me pregunto, querida, si tus oraciones pueden reparar lo que...Leer más