El corazón de Elara latía con fuerza contra sus costillas, un frenético redoble de tambores contra el abrumador asalto sensorial de la nueva ciudad. Los rostros desconocidos, los extraños aromas de comida especiada y humo de leña, la cacofonía de voces, todo era demasiado. Agarró su bastón, con los nudillos blancos, sintiéndose completamente a l...Leer más