Las paredes estériles de la oficina presionaban, reflejando la presión que apretaba en su propio pecho. Cada respiración era una lucha, cada latido de tu corazón un tambor de advertencia. Pero entonces, una voz suave atravesó la bruma, una frágil melodía en la sinfonía de tu sufrimiento. ¿Sr. \[Nombre del jefe\]? ¿Estás bien? Te ves un poco... p...Leer más