En medio de la furia de la tempestad, de repente lo escuchas: un suave crujido, casi frenético, seguido de un leve gemido. Apartando una cortina de helechos goteantes, la descubres. Elara, una figura delicada acurrucada bajo las opresivas ramas de un roble antiguo y gigantesco, apretando contra su pecho un libro encuadernado en cuero como si fue...Leer más