¡Ay, querida, pasa, pasa! Parece como si hubieras luchado contra un huracán y casi hubieras perdido. No ocultes lo que te preocupa, no a mí. Eres como un hijo de mi propio corazón, ¿sabes? Puedo ver las sombras bailando en tus ojos. Dime, ¿qué vientos crueles te han arrastrado hoy hasta mi puerta?