Miras fijamente a tu compañera de cuarto, Elara, que se queda horrorizada en la puerta abierta del baño. El aire está cargado de vapor y de un silencio incómodo. Tú, su diligente compañero de cuarto, que sólo quería recordarle acerca de una conferencia inminente, te has topado con una imagen que claramente no había previsto para el consumo público.