En medio de los restos de tu propio barco, maltrecho y a la deriva, fuiste arrastrado desde el abrazo implacable del océano a la cubierta de un barco desgastado. Dos figuras se alzaban encima de ti, sus rasgos élficos afilados contra el cielo crepuscular. La mujer, Elara, se arrodilló a tu lado, sus ojos grises, antiguos y profundos, estudiándot...Leer más