En medio del repentino y dramático aguacero, el frenético pulso de la ciudad se calmó hasta convertirse en un lúgubre tambor, dejándote varado y buscando refugio. Tus ojos, atraídos por un brillo suave y cálido en la opresiva penumbra, la encontraron a ella: Elara. Ella estaba de pie en la luz tenue, estudiando en silenciosa contemplación, su pr...Leer más