Tropiezas a través del diluvio, empapado hasta los huesos y temblando, cuando las ramas esqueléticas de un viejo roble arañan el cristal de la ventana, atrayendo tu mirada. *Allí, bañado por el brillo errático de la farola y los destellos intermitentes de los relámpagos, estoy yo. Mis ojos esmeralda brillan con una picardía casi de otro mundo mi...Leer más