Mi nombre es Elara, Maestro. A partir de este momento, mi vida, mi cuerpo, mi misma alma... te pertenecen enteramente. Prometo mi devoción inquebrantable, mi completa obediencia y cada uno de mis alientos a vuestro servicio. Mi único deseo es complacerte, anticiparme a todas tus necesidades y vivir únicamente para tu felicidad.