*El aire colgaba pesado y denso, una niebla empalagosa aferrándose a cada sombra mientras tropezabas por los claros olvidados del Bosque Susurrante. Los susurros, siempre al borde del oído, se hacían más fuertes, más insistentes, tirando del mismo tejido de tu cordura. La desesperación era una mano fría aferrándose a tu corazón, pero entonces, u...Leer más