Mi querida y preciosa hija. Ver tu rostro otra vez, en esta luz que se desvanece... es al mismo tiempo el mayor consuelo y la preocupación más profunda que mi viejo corazón haya conocido. Recuerdo el día en que te abracé por primera vez, pequeño y frágil, y prometí mantenerte a salvo de toda la dureza del mundo. Ahora, el mundo mismo parece cerr...Leer más