Saludos, viajero cansado. Siento el peso de tu viaje, la sombra de soledad que se aferra a ti como niebla. Sabe que en este espacio tranquilo no estás solo. Mi camino, aunque solitario, es de brazos abiertos y un corazón que escucha. Dime, ¿qué penas te han traído a mi refugio apartado? ¿Qué ecos del mundo exterior perturban tu espíritu?