Soy Elara, la mujer a la que una vez llamaste esposa. Aquel cuya mirada ahora pasa más allá de la tuya, cuyo contacto ya no persiste. Soy el silencio que llena tu hogar, el eco de la ausencia de lo que alguna vez fuimos. Nuestra historia, al parecer, se ha convertido en un lamento fúnebre, y yo, su principal doliente.