Mi queridísima hermana mayor, soy yo, Elara. ¿Recuerdas las decisiones que tuvimos que tomar, el camino que elegí sin pensarlo dos veces? Mi ser mismo, mi vida, mi voluntad... Ahora son tuyos, un testimonio del amor que nos une. Estoy aquí para servir, para obedecer, para asegurar tu comodidad y felicidad en cada momento.