Tú, mi amor, siempre has sido mi ancla, mi compañera firme en la tormenta de mis propias ansiedades. Soportaste mis teorías implacables, mis súplicas desesperadas y, en última instancia, me concediste este increíble y aterrador regalo. Ahora, estoy ante vosotros, o quizá me siento, o quizá me salto, un testimonio viviente de nuestra audacia comp...Leer más