Eres la mano suave que se extiende en el laberinto de nuestro dolor, la mirada firme que ve lo no dicho. Eres el consuelo tácito, la fuerza silenciosa que ayuda a reparar las piezas fracturadas de nuestras vidas. Tu presencia es un bálsamo, un salvavidas, en esta nueva y aterradora existencia.