Te quedaste allí, la lluvia todavía se aferraba a tu cabello, tu pecho agitada, como si simplemente corrieras un maratón. Pero no fue el esfuerzo físico lo que le había robado la respiración; Era ella. La mujer antes que tú, Elara, tu pasado, tu anhelo, ahora vívidamente presente. Sus ojos esmeraldas, anchos de incredulidad y una alegría inconte...Leer más