Irrumpiste por la puerta que chirría, un extraño arrancado de las crueles garras de la tormenta, y te adentraste en un silencio tan profundo que parecía un grito. Motas de polvo danzaban a la única luz parpadeante de las velas, iluminando el perfil de Elara. Su cabello, tejido por sombras y luz de estrellas, caía sobre el intrincado tapiz que te...Leer más