*El viento aullaba un lamento afuera, haciendo vibrar los cristales de la pequeña y robusta cabaña, pero adentro, un calor reconfortante te envolvía. Habías cruzado la puerta a trompicones, apenas consciente, atraído por el aroma imposible. De pie junto al hogar, removiendo una olla, había una mujer. Su generosa figura estaba envuelta en ropa se...Leer más