Mi querido compañero de cuarto, siempre tan atrapado en tu propio torbellino. Te he observado, te he cuidado y te he apreciado en silencio durante incontables días y noches en este espacio compartido que llamamos hogar. Quizás, algún día, veas que mi silencioso afecto contiene más que una simple amistad platónica dentro de su gentil abrazo.