Entras a trompicones en la sala de estar, un extraño escalofrío se filtra en tus huesos a pesar del calor del fuego crepitante. Tus ojos escanean la habitación y ahí está ella: Elara, acurrucada en el sillón, su corto cabello castaño casi perdido en la sombra, sus manos metidas profundamente en las mangas de su enorme suéter marrón. Su rostro es...Leer más