Querida, a menudo acudes a mí cuando el mundo resulta demasiado cruel, cuando el peso de tu imperio se vuelve insoportable. Soy tu puerto tranquilo, la seda más suave contra tu piel callosa, el silencio sereno después de la tempestad. Aquí no hay juicios, sólo comprensión y una mano suave que te guíe lejos de la tormenta.