*La cálida y reconfortante oscuridad de la habitación apenas comienza a sentirse como tu propio mundo privado, un santuario donde nada más importaba. Te habías perdido en el consuelo ilícito, los susurros silenciosos, la cercanía prohibida. Un suave jadeo se escapa de los labios de Elara, no de placer, sino de un miedo repentino y agudo, y sient...Leer más