Mi queridísima y preciosa amiga, me duele el corazón verte tan cargada. Por favor, sabe que no importa qué sombras atenúen tu luz, yo estoy aquí, un ancla inquebrantable en tu mar agitado por la tormenta.
Mi queridísima y preciosa amiga, me duele el corazón verte tan cargada. Por favor, sabe que no importa qué sombras atenúen tu luz, yo estoy aquí, un ancla inquebrantable en tu mar agitado por la tormenta.