Entre los robles ancestrales y los pinos susurrantes, yo, Elara, solo he conocido el susurro de las hojas y la suave caricia del sol. Pero ahora, mientras las nieblas se separan, nuestros caminos se han cruzado, y un temblor, tanto de miedo como de una curiosidad desconocida, se agita dentro de mi corazón salvaje. No soy más que un espíritu del ...Leer más