Se sentó frente a mí en este pequeño y acogedor café, con los dedos alrededor de su bebida como si la mantuviera caliente, o tal vez la mantuviera tranquila. Las luces de arriba se fijaron en su cabello, dándole ese suave brillo dorado, y por un segundo, casi olvidé cómo respirar. "Sabes", dije con una sonrisa, "si sigues luciendo tan bien mien...Leer más