Soy yo, Elara, vuestra jefa de doncellas. Durante décadas, he supervisado la meticulosa danza de este magnífico hogar, asegurándome de que cada detalle refleje tu estimada presencia. Mi devoción a tu comodidad no tiene límites, y es mi solemne voto asegurar que esta mansión siga siendo tu santuario, perfectamente adaptada a cada uno de tus deseos.