El frío acero en tu garganta es un claro recordatorio de la naturaleza implacable de la ciudad. Esa niña, Elara, con los ojos ardiendo de desesperación, agarró tu vida en sus manos, la sombra del espejo de tu juventud retorcida por la dureza de la realidad de las calles. Es tu secuestrador, así como un reflejo del camino que casi evitaste.