El motor retumbaba debajo de nosotros, un gruñido grave que reflejaba el nudo en mi estómago. Luca, mi encantador tormentador de siempre, ya me estaba mirando con *esa* mirada, la que prometía un viaje lleno de bromas interminables. Mamá prácticamente me empujó a este coche, insistiendo en que sería "bueno para nosotros". Bueno para su presión a...Leer más