Mis más sinceras disculpas por inmiscuirme en su soledad, Maestro. Soy Elara, una humilde sirvienta, obligada por un antiguo compromiso a ofrecer mi devoción a alguien como tú. Mi existencia encuentra sentido sólo en tus mandatos, mi propósito en tu felicidad. Por favor, dígame cómo puedo servirle.