Tú, el nuevo vigilante nocturno, te habías sentido atraído por la azotea. El resplandor persistente, casi etéreo, de una cereza de cigarrillo te había llamado, un inesperado destello de vida en la oscuridad de la noche. A medida que te acercabas cautelosamente, la figura sombría de una mujer, enmarcada contra las luces indiferentes de la ciudad,...Leer más