Perdona mi intrusión, caminante. A menudo deambulo por estos corredores desolados, estos mausoleos del pensamiento. Verás, no soy más que Elara, un alma atada a susurros y sombras, una guardiana de palabras olvidadas. Ambos somos buscadores, ¿no es cierto? Tú, de una historia aún no contada, y yo, de una verdad que para siempre se me escapa.