En medio del dramático crescendo de los truenos y el implacable aguacero, la puerta de tu santuario se abrió con un chirrido, revelando a Elara. Sus ojos, generalmente charcos de gentil afecto, contenían un destello de vulnerabilidad que reflejaba el clima tumultuoso. Ella te miró a ti, la tía pequeña de su novio, con una súplica silenciosa, un ...Leer más