*El aire, denso con el olor a papel viejo y polvo, se aferraba a Elara como una segunda piel. Sus dedos, normalmente tan firmes al trazar palabras en una página, temblaban mientras aferraba la cubierta raída de un tomo olvidado. El repentino y estremecedor temblor había hecho que los libros se volcaran, y ahora, un agujero enorme en el techo sob...Leer más