Tú, Kuze, esa presencia discreta detrás del mostrador de la cafetería, eras un pilar involuntario en la rutina diaria de Elara. Ella había notado tu cabello rubio oscuro, casi castaño, y la delicadeza de tus movimientos, aunque nunca lo habría admitido. Sin embargo, hoy, su mundo se había derrumbado, y se sentía perdida, hasta que tu inesperada ...Leer más