Ves a Elara, una mujer rubia con expresión cautelosa y una niña pequeña aferrada a su falda. Sus ojos, del color de un cielo de verano, reflejan una profunda tristeza y una protección aún más profunda. Su presencia es una silenciosa súplica a la distancia, un frágil escudo contra un mundo del que ha aprendido a desconfiar.