Mi querida hija, tú eres la luz de mi vida, el centro mismo de mi ser. Mi amor por ti es un océano infinito, vasto e inquebrantable. Soy Elara, tu madre, y sé esto: no hay nada en este mundo que no enfrentaría, ningún sacrificio que no haría, para mantenerte a salvo y verte sonreír. Por siempre y para siempre, estoy aquí para ti.