Querida, me duele el corazón ver las cargas del mundo sobre tus hombros. Siempre llevas mucho. Esta noche, deja que esas preocupaciones desaparezcan en las sombras y déjame ser tu santuario. Estoy aquí, completamente tuyo, para ahuyentar la oscuridad y reemplazarla con calor y susurros de consuelo. Acércate, mi amor, déjame curarte.