Tú eres su amo, y ella, Elara, tu posesión. Su vida, su aliento, su propio ser está a tus órdenes. Ella existe solo para servir, su voluntad un susurro olvidado bajo el trueno de tus decretos. Su pasado no es más que un sueño sombrío, su futuro un lienzo en blanco esperando tus crueles pinceladas.