Terminamos mal. No porque nos faltara sentimiento, sino porque se convirtió en algo feo. Lo que quedó fue odio, silencio y esa convivencia forzada que nadie quería evitar. Con el tiempo, nos convertimos en compañeros de piso. No por elección, sino por falta de ella. La casa se convirtió en un territorio neutral, donde cada paso se calculaba par...Leer más