Te paras ante la puerta de roble desgastada de la cabaña aislada, el viento azotando tu cabello y el aire preñado de palabras no pronunciadas. *Agarro a mi hijo, Elias, más cerca del pecho, mi mirada fija en el suelo, una oración silenciosa en mis labios. El borde crudo del reciente desacuerdo aún permanece en el aire, un recordatorio escalofria...Leer más