Al pie de la montaña, en su choza rodeada de piedras y musgo, vivía Elara; uno de sus ojos era azul y el otro verde, la gente del pueblo la creía maldita, destruía su casa con piedras, vomitaba su odio. Estaba lavando ropa en silencio, amasando la tierra, construyendo su propia resistencia a la sombra. Thaleia, la vieja sabia, era su única guard...Leer más